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Hermana Maura Clarke

CECIM inició el Centro Educativo Hermana Maura Clarke (CEHMAC) en 1,998 inspirado por los ideales y principios de nuestra estimada Religiosa Maura Clarke, una Hermana Norte Americana de Maryknoll.

Por cariño y respeto nombró el Centro Hna. Maura Clarke quien trabajó en Ciudad Sandino y a quien la gente recuerda con gran cariño.

En el Salvador en 1,980 el ejército Salvadoreño mató a Maura Clarke, junto con otras dos hermanas y una voluntaria laica, debido a su trabajo con los pobres.

¿Quién era Maura Clarke?


Maura Clarke nació el 13 de Enero de 1,931, y vivió en Nueva York.  Ella se incorporó a la congregación religiosa de Maryknoll en 1,950.  En 1,959 la enviaron a Nicaragua dónde era maestra en una escuela, trabajaba en una parroquia de Siuna, una ciudad remota de Nicaragua.

En los primeros años 1,970 ella estaba trabajando en una parroquia en Managua y experimentó el terremoto devastado en 1,972. Managua fue destruida; resultando 10,000 muertos y 20,000 heridos. Casas y edificios cayeron. Entrampadas en el piso superior de la casa de la parroquia, las Hermanas de Maryknoll bajaron a través de una ventana con una soga e inmediatamente empezaron a atender a los heridos y excavando los cuerpos bajo los escombros. Posteriormente, fueron con los damnificados a un lugar de refugio. Se llamaba Open 3 (Operación Permanente de Emergencia Nacional) pero después de pocos años, se nombró Ciudad Sandino.

Los amigos dijeron de Maura, “Ella era muy generosa….Ella daría cualquier cosa que tenía a un pobre”.  Estaba acostumbrada a vivir en la pobreza. “Otros dijeron que ella siempre vio lo bueno en otros….era muy mansa… siempre hizo sentir amada a la gente.  En Nicaragua, era conocida por las personas como “El ángel de nuestra tierra”.

En 1,977 Maura fue a E.E.U.U. para tomar su turno en el trabajo de la promoción de vocaciones. Trabaja con un equipo de Hermanas de Maryknoll promoviendo el conocimiento de las necesidades del mundo. Una vez dijo "Yo veo en este trabajo una manera de despertar la preocupación real para las víctimas de injusticia en el mundo de hoy; un medio para trabajar para el cambio, y para compartir… la preocupación profunda para los sufrimientos del pobre y gentes marginadas, -- las personas de nuestra familia humana".


Maura no estaba en Nicaragua el 19 de Julio de 1979, cuando cayó la dictadura de Somoza, pero ella saludó las noticias con alegría. Después de sus 20 años en el país, ella supo bien el impacto de la dictadura militar en las vidas de la gente. Vio con sus propios ojos cómo la ayuda internacional que entró al país después del terremoto, terminó en los bolsillos del dictador, su familia y amigos mientras las vidas del pobre, sobre todo en la capital quedaron devastadas.

Ella volvió para una visita en 1980, para la primera celebración de la victoria. Ella se describió como “burbujear con la alegría” al espíritu, ella encontró en su retorno un espíritu de alivio increíble, de esperanza y libertad después de 45 años de la dinastía de Somoza. Y ella estaba contenta de estar con sus amigos de 20 años.

Hacia el Martirio

Pero Maura también había estado pensando en la llamada del Arzobispo Romero para la ayuda en el Salvador. En este momento en el Salvador, una dictadura militar emprendió guerra contra los que criticaron las medidas represivas del gobierno. El 05 de Agosto, sólo a dos semanas y media antes de la muerte de Hna. Carla Piette, Maura fue a El Salvador para explorar la posibilidad de trabajar allí. Era una decisión dura – dejar Nicaragua después de 20 años en un momento grande en su historia, y para asumir el desafío humano y pastoral de El Salvador en tiempos de persecución. Después de la muerte de Carla el 23 de Agosto, Maura decidió tomar el lugar de Carla y trabajar con Hna. Ita Ford.

Ella se sumergió rápidamente en el trabajo con las víctimas de la represión.

“Nosotros tenemos refugiados, mujeres y niños en nuestra puerta y algunas de sus historias son increíbles. Lo que está pasando aquí es increíble, pero pasa. La paciencia de los pobres y su fe por este dolor terrible constantemente me llama a una contestación de fe más profunda.

Los días eran a menudo difíciles y el forcejeo interior la desafió radicalmente.

Constantemente está desafiándose “mi miedo de muerte me esta desafiando” porque los niños, las muchachas, jóvenes encantadoras, y las personas viejas se mataron a tiros, se cortan con los machetes y botan sus cuerpos tirados por el camino y se les prohibieron enterrarlos. Nuestro Dios Padre debe tener una nueva vida de alegría y paz inimaginable preparada para estos preciosos desconocidos, los mártires no reconocidos.

“Uno clama: ¿señor cuánto tiempo? y entonces también es decir que se arrastra en mi mente el miedo pequeño, o grande, que cuándo me toca muy personalmente, me pregunto: ¿seré yo fiel?”.

Maura decidió quedarse en el Salvador. Ella e Ita, y otras dos hermanas de Maryknoll que trabajaban en el Salvador, viajaron en Noviembre a Nicaragua para la asamblea regional. Estando ahí Maura, afirmó su compromiso ante todas las Hermanas de Maryknoll de la región de Centroamérica. Ella dijo que permanecería en el Salvador, para buscar a los desaparecidos, rezar con las familias de prisioneros, enterrar a los muertos, trabajar y quitar las ataduras de opresión, pobreza y violencia. Ella les dijo los días serían difíciles y peligrosos, pero tenía confianza en Dios.

“Yo quiero quedarme ahora”, ella escribió. “Creo que esto es correcto… Aquí yo estoy empezando desde el principio pero deber Su Plan y Él está enseñándome y tengo paz en pasar de muchas frustraciones y el terror alrededor de nosotros y el trabajo, etc. Dios es muy presente en Su ausencia aparente”.

El 02 de Diciembre de 1,980, Maura y Hna. Ita Ford regresaron a El Salvador después de asistir a esta reunión de las Hermanas de Maryknoll en Managua. El aeropuerto de San Salvador y las Maryknoll estaba bajo la vigilancia por la guardia nacional que telefonearon a su comandante para las órdenes.

Siguiendo las órdenes de su comandante, cinco miembros de la Guardia Nacional cambiaron su ropa por ropa de paisanos y continuaron su vigilancia fuera del aeropuerto. Dos compañeras, Jean Donovan y Dorothy Kazel, encontraron a Ita Ford y Maura Clarke en el aeropuerto. Después de que ellos salieron del aeropuerto los guardias nacionales que no llevaban uniformes detuvieron el automóvil y entonces las llevaron a una área aislada donde les pegaron, las violaron y las mataron.

Unos campesinos locales habían visto una camioneta blanca dirigirse a un lugar aislado, escucharon ruidos de la ametralladora y entonces tiros. Vieron a cinco hombres huir de la escena en la camioneta blanca. Después encontraron la camioneta quemada al lado de la carretera cerca del aeropuerto.

La mañana siguiene, se encontraron los cuerpos de las cuatro mujeres y las autoridades locales mandaron que quemaran los cuerpos. Los campesinos locales le dijeron al sacerdote y las noticias, llegó al obispo y entonces el Embajador Americano estuba informado del hallazgo.

Maura Clarke entregó su vida para el amor de Dios y el prójimo, para la justicia y para la paz.